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viernes, 12 de febrero de 2016

El renacido (González Iñárritu, 2016)




Tras el aclamado éxito de 'Birdman', capaz de plasmar la excelencia en lo narrativo conjugándolo con la originalidad de lo visual, generando así toda una (inigualable) atmósfera sensorial, un genial acierto, González Iñárritu regresa a la gran pantalla ejecutando un pretencioso ejercicio técnico cinematográfico a la perfección, un film que llevará al espectador a 157 minutos de ejercicio contemplativo y en el que la experiencia sensorial, la observación inquietante, primará sobre una línea narrativa aburrida y muy carente de contenido. 

'El renacido' es el puro arte de la belleza fílmica. Es una fotografía (Emmanuel Lubezki, Oscar por Gravity y Birdman) que narra poesía visual en haces de luz. Es paisajes y el tiempo detenido en un instante, que transcurre inevitablemente ante la retina del espectador. Es el despertar de los sentimientos, de las experiencias sensoriales como el fluir de un riachuelo, sin más propósito que disfrutar de su existencia. Y sin embargo, el ejercicio queda corto y arrogante ante lo que ya hizo años atrás Terrence Malick. 'El Nuevo Mundo' (2005) narra ese mismo descubrimiento de una tierra de lo desconocido, de lo indígena, con ese mismo y mejor énfasis en lo sensorial, en la imagen como vehículo de lo narrativo, en la belleza de la iluminación como portadora de momentos únicos. 


También lo haría con la controvertida 'El árbol de la vida' (2011), mucho más arriesgada e innovadora que lo que nos acerca González Iñárritu en este ejercicio provocador en el que sólo queda como heredero. 
La ausencia de progresión narrativa que ofrece el director mexicano llevará al espectador a cuestionarse realmente si sabiendo hacer cine de esa manera es necesario hacer "ese" cine, en el que la identificación del espectador con el protagonista no logra ni un ápice de su objetivo. 

Y la mayor lástima es que el merecidísimo Oscar para Leo di Caprio por 'El lobo de Wall Street' (Scorsese. 2013) se lo vaya a saldar con esta cinta. 

domingo, 24 de enero de 2016

La chica danesa (Hooper, 2016)

 

'La chica danesa' de Hooper, encadena una serie es una serie de aciertos y fallos que finalmente concluyen en un film que queda corto para las expectativas de un 2016 mucho más transgresor que la mirada conservadora del mismo. Si bien el tema que trata es un apasionante 'biopic', la decepción del espectador durante las dos horas de duración es, casi inevitable ante lo que es más bien un "producto" de melodrama que no llega a convencer al espectador.

La mirada nos que clasifica


El film, como anuncia la mujer del pintor, Gerda (Alicia Vikander), pivota en la construcción de la mirada ajena, la mirada del otro sobre nosotros, y concretamente sobre lo femenino como objeto de la mirada masculina, en la búsqueda de quiénes somos: quienes somos frente la sociedad y quiénes somos en la intimidad.
Vemos cómo las miradas sobre el alma de Einar lo convierten en Lili frente al espejo. Vemos cómo se arriesga a mirar y reconocerse adoptando gestos de lo femenino en el peep-show en París a escondidas, vemos la mirada de la homofobia en los chicos que le propinan una paliza por ser diferente, vemos la mirada de distintos psiquiatras que lo tachan de loco… y finalmente vemos la mirada del amor, la de Gerda, que acepta y acompaña a su marido con resignación durante todo el proceso.
El espectador también participa del film con su mirada, pero quizás el error de Hooper es no dejarle construir su propia mirada, sino imponerle una, más conservadora y ajustada a los años 20, más dulcificada y romántica de lo que es la realidad. 

La belleza de la puesta en escena




Pese a su ritmo lento, la construcción del film tiene rasgos de delicadeza y buen hacer fílmico, en la que la composición de los planos es pictóricamente exquisita, aunque más orientada a la estética audiovisual que a la funcionalidad de un film que necesita más introspección.  
A cargo de Danny Cohen, encontramos secuencias que se ciñen a la composición clásica, pero se diluyen en una óleo contemplativo que le roba la fuerza a la narración. Sin embargo, ocurre en varias ocasiones que encontramos brillantez en la puesta en escena, como la primera vez que Einar siente sobre su cuerpo la ropa de mujer, minuciosamente cuidado y mimosamente medido, o cuando se presenta al baile y siente cómo todas las miradas se posan sobre su cuerpo, o en la propia secuencia del peep-show en París, quizás la más exquisita de todo el film.  


Un dúo de altura: Eddie Redmayne & Alicia Vikander


La elección de un versátil Eddie Redmayne, oscarizado por su 'Teoría del Todo' el año pasado, lo posiciona como una de las grandes apuestas en el cine contemporáneo. 
Creemos a ese Redmayne travestido y feminizado, si bien cuenta con esos atributos de un hombre que suscita la duda entre la androginia y la masculinidad. Nos lo creemos desde el momento que roza los pantys hasta que está hospitalizado, anémico, devastado. Y es que el actor británico ha sido posiblemente la mejor elección de cast que pudo hacer Hooper, junto con la de su compañera Gerda (Alicia Vikander).

El personaje que defiende magníficamente Vikander es el de una mujer atractiva, en la plenitud de su juventud, que busca frustrada la atracción con su marido, y sus cuerpos no se encuentran. En ese punto de partida, el espectador ya ha empatizado con el personaje de Gerda, ya se ha sentido atraído, movido por la mujer luchadora que acompañará a su marido, devota, incondicionalmente, por el calvario de encontrarse a sí mismo/a. Vikander aporta esa frescura y jovialidad a un personaje luchador e incansable, que será el alma máter del film y con el que el espectador sufrirá en silencio. 

domingo, 13 de septiembre de 2015

Felices 140 (Querejeta, 2015)



Ante una aparentemente tranquila reunión de amigos con motivo de la celebración de los 40 años de Elia (Maribel Verdú), el film rompe con la tranquilidad en la idílica casa de veraneo con un giro de guión que pasa de la comedia al drama y la tragedia en una reflexión sobre la el dinero, la traición y la ambición del ser humano sin límites. 

Delicioso giro de guión

La gran virtud de este film es la capacidad de sorprender al espectador, presentándole un escenario que finalmente se convierte en otra cosa. [SIN SPÓILERS]. Un giro de guión que cambia el rumbo del fin de semana de reunión de amigos, y hace que el film vire hacia la comedia negra, al drama, a la tragedia. El inicial tono de felicidad encubierta, pronto revela las falsas apariencias en una reflexión sobre la amistad, el ser humano y la manera de relacionarnos. Historias personales, vidas ajenas, personas a quien el tiempo ha ido separando, el desgarro de vivir con heridas abiertas. 

Personas, crisis, dinero

Una extraordinaria interpretación del clásico de cabaret 'Money makes the world go round' por parte de los personajes a mitad de la cena anticipa el que será el motivo principal de la película. 
En un escenario de crisis económica y ¿por qué no? crisis personal de la llega a los 40, cada uno de los personajes manifiesta una cierta codicia y ambición y una recelosa envidia del bote del Euromillón que ha ganado Elia. El film relata cómo, cada uno de esos personajes en la reunión de amigos, aún tiene heridas sin cerrar y es incapaz de mostrarse al resto con sus miedos y debilidades. La fachada de felicidad ante los demás, que pronto se derrumba ante unos personajes con ambición shakespeariana, capaces de planear una traición por dinero. 

 Maribel Verdú

Por tercera vez musa de Querejeta, Maribel Verdú es quien da la fuerza y conduce la línea dramática del film. Su extraordinaria interpretación de la protagonista, Elia, demuestra que la actriz, de 44 años, está en uno de los puntos más dulces de su extensa carrera en el cine español. 
Verdú brilla con luz propia en cada uno de los registros que le exige el film, completando con exquisitez la historia hasta el último plano.   

La fotografía

No salgan de la sala antes de que terminen los créditos. Porque los créditos son un deleite en sí mismos a nivel de fotografía. 

lunes, 16 de marzo de 2015

Ida (Pawlikowski, 2014)


Sinopsis- Polonia, 1962. Anna (Ágata Trzebuchowska) es una novicia huérfana que va a hacerse monja. Antes de que esto ocurra, descubrirá que tiene una pariente viva, su tía Wanda (Ágata Kulesza), a la que visitará y le descubrirá su historia familiar judía y le desvelará mucho más que sus raíces. 



Oscar a la Mejor Película de Habla No Inglesa (2015)

Galardonada con el Premio a la Mejor Película Europea (2014)





Si hay algo que caracteriza a Ida, es la gran apuesta por la vuelta a las raíces del cine europeo. Un film en el que el cine se convierte en arte en su estado más puro, en el que las imágenes son algo más que una estrategia narrativa, y la fotografía cobra protagonismo por sí misma. 

Ida es una apuesta en blanco y negro para una Polonia gris de la posguerra, en la que la cámara es fiel voyeur de la llegada de un progresismo tardío. En busca de sus raíces, la joven novicia descubrirá algo más que religión e identidad, creencia o progreso, se embaucará en la Historia misma del Holocausto nazi.Un film, sin duda, de reflexión sobre la historia reciente de la 'Vieja Europa' y sus heridas. 

Cada plano está meticulosamente medido para presentar a los dos personajes, Ida, y la tía Wanda, dos mujeres que viven una época convulsa desde dos puntos de vista radicalmente opuestos: el blanco (la pureza, la castidad, la religión) que acompaña a Ida, se contrapone al negro, que acompaña a la tía Wanda, una juez "roja", que fuma y conduce un automóvil, que es una mujer independiente y que ha tomado el control de su propia vida. Ambas mujeres son oprimidas en una imagen que siempre deja "aire" por encima de sus cabezas, poniendo de manifiesto que ninguna de las dos tiene control legítimo, socialmente, sobre sus decisiones. 



Otro de los elementos que caracterizan la producción, es la utilización del sonido como elemento narrativo predominante. Silencios que crean más tensión narrativa que las propias palabras. El polaco, que rompe el silencio con fuerza. La música, el jazz que llega a la Polonia más rural y atrasada y trae con cada uno de sus acordes el aperturismo y la cultura. 

Ida es un caramelo para los amantes del cine-arte, del cine europeo y que hará reflexionar sobre la propia historia de la Europa del Este con nostalgia, ternura y frialdad. 


domingo, 22 de febrero de 2015

Whiplash (Chazelle, 2015)



Sinopsis- Andrew (Miles Teller) es un joven percusionista que tiene un talento especial por la batería. Su pasión es  el jazz, y acaba de ingresar en uno de los más prestigiosos conservatorios de Estados Unidos, en el que conocerá al reconocido profesor Fletcher (, director del grupo musical de jazz, que le cambiará la vida para siempre,  

Un film innovador en lenguaje audiovisual. 

  • El ritmo (de la batería) que marca el ritmo (narrativo)

Quizás el mayor logro de Whiplash no es la historia que narra (sacrificio, pasión y metodología de estudio para convertirse en la élite del jazz del siglo XXI), sino cómo lo narra. El frenético ritmo de jazz marca la consecución de los planos y el desarrollo narrativo. Lo auditivo predomina frente a lo visual, y las imágenes se suceden acompañando a la música. Planos cortos de los instrumentos musicales que construyen un mosaico estético que recorren los acordes de la partitura. 
  • El plano corto y la agresividad del lenguaje (cinematográfico)
Otra de las principales innovaciones de Whiplash es la utilización del plano corto como leit motiv narrativo. Los plano- contraplano entre Andrew y el profesor Fletcher son planos cortos y agresivos, en los que JK Simmons exhibe su mejor interpretación. Planos cortos de los instrumentos de la banda, planos cortos de los ensayos de Andrew en los que el esfuerzo de vuelve dolor, planos cortos en los que las manos ensangrentadas de los ensayos interminables.
La sucesión de planos cortos genera un ritmo narrativo rápido, que coincide con el tempo que marcan los compases de la música a la que acompañan.
  • Un dúo más que "dinámico": Miles Telles vs. JK Simmons
Sin duda otra de las principales fortalezas de Whiplash es la brillante interpretación de sus dos protagonistas. Un asombroso Miles Telles, que encarna a Andrew, un tímido y obsesionado aspirante a baterista de jazz, llevará al espectador a experimentar y sufrir la lucha por hacerse un hueco en el prestigioso y elitista mundo del jazz contemporáneo.

JK Simmons, encarna al déspota profesor Fletcher, defensor de una corriente de enseñanza de sacrificio y competitividad, en la que el talento se debate con la humillación y el abuso de poder y posición. La agresividad que traslada Simmons a través de la cámara intimida, y el espectador siente el escalofrío que recorre el cuerpo de Andrew motivado por cada uno de los gritos del director de la banda. 
El duelo entre ambos está acompañado por la estética. Los juegos entre luz y oscuridad, la tonalidad negra que envuelve al personaje del profesor Fletcher y que se asocia al misterio se contraponen a las tonalidades claras que acompañan a un talentoso Andrew, que mancha su inocencia (y sus manos) de sangre para intentar alcanzar su sueño de ser percusionista de élite. 



  • El tema: ¿cuál es el coste de la grandeza en la música?
Pese a todo, Whiplash pone de manifiesto una corriente didáctica de dudosa aceptación y que ensalza las bondades del genio atormentado que se vale de la violencia y el abuso para "sacar" lo mejor de sus pupilos. 
El ejercicio fílmico pierde todo su encanto al tratar esta temática. Sudor, sangre y esfuerzo, el viejo dicho de "la letra con sangre entra", al que ahora se añaden el desequilibrio personal, la humillación pública, la denuncia del método para alcanzar el éxito en la élite musical contemporánea. 
Y es que Whiplash  muestra un mundo de sacrificios personales sin igual, de vidas entregadas al ensayo incesante, muestra una competitividad voraz por hacerse con el puesto, por alcanzar la perfección. Pero muestra la historia del éxito, del chico que alcanzó la grandeza en los escenarios. ¿y todos los que quedaron por el camino? ¿de verdad el autoritarismo pedagógico es el camino del éxito?

sábado, 20 de diciembre de 2014

Si vas a contar una historia conocida, cuéntala de una manera diferente: Exodus (Scott,2014)


Ridley Scott (Reino Unido, 1937) se aventura de nuevo en un film histórico en el que el espectador revisita la liberación del pueblo hebreo en un viaje por los más avanzados efectos especiales que conoce el cine actual.

En efecto, la historia que presenta el director de Gladiator (2000), es una historia ya conocida por el espectador. Entonces, ¿por qué ir a ver Exodus: Dioses y Reyes?

Un director- marca
Ridley Scott, a sus 77 años, es uno de los más reconocidos directores en el panorama mundial. Tras el éxito de su primer cine sci-fi (Alien, 1979 y el primer símbolo de la postmodernidad en el cine, Blade runner, 1982), una rompedora Thelma y Louise (1991), nominada a los Oscar como Mejor Director, suponía un giro temático en la carrera de Scott.


Posteriormente llegó Gladiator (2000), que supuso la consagración del director británico en el panorama estelar hollywoodiense con Oscar (Mejor película, Mejor actor, Mejores Efectos Visuales, Mejor Vestuario y Mejor Sonido entre otros), tras el cuál otros proyectos como Haníbal (2001), Black Hawk Derribado (2002), El reino de los cielos (2005) o Prometheus (2012). Sin duda una extensa carrera fílmica en la que la calidad como director crece apoyándose en cada vez mejores efectos visuales para trasladar al espectador a lugares más allá de la imaginación.

Un escenario audiovisual made in Spain
Fuerteventura y Almería fueron los principales destinos en los que se rodó el film de Scott. El desierto de Tabernas (Almería) es el principal escenario del antiguo Egipto (donde se rodó otro film histórico el 1962, Lawrence de Arabia), mientras que las localidades del sur de Fuerteventura son las responsables del espectacular Mar Rojo que exhibe el film. 

La espectacularidad del VFX
Los efectos visuales VFX en Exodus son otro de los principales atractivos del film. Paisajes que son trasladan al antiguo Egipto, ejércitos y esclavos creados por arte de la magia de la postproducción, plagas y recreación del Mar Rojo, el cruce hebreo de las aguas... Scott nos trae un sinfín de minuciosamente estudiadas imágenes que deslumbran al ojo humano. 



martes, 21 de octubre de 2014

La reescritura de la Historia. Quentin Tarantino: Malditos Bastardos (2009) y Django desencadenado (2012).

"The one duty we owe to history is to rewrite it" Oscar Wilde

Quentin Tarantino es un producto de la postmodernidad. Su cine, violento, evocador, provocativo, y que desafía los corsés del establishment, ahora hace un nuevo viraje en su cine hacia lo que se conoce como la "reescritura de la historia", un concepto cultural postmoderno.
Tanto Malditos Bastardos (2009) como Django desencadenado (2012) se encuadran dentro esta corriente cultural que propone cuestionar el estatus de los hechos históricos y desconfiar de la HISTORIA (en mayúsculas), que aparenta ser neutra y objetiva, y reconceptualizarla.

Tanto la historia como la ficción son la construcción de un discurso. Y Tarantino busca escribir el suyo revisitando dos de los hechos históricos que más han marcado nuestra sociedad contemporánea: el holocauto nazi de la Alemania hitleriana y la liberación de los afroamericanos esclavos en las plantaciones de EEUU.

Malditos Bastardos se define como “la película de guerra de Tarantino”. Tomando como referencia “Aquel maldito tren blindado (Inglorious Bastards)” (1978) de Enzo G. Castellari, nos presenta un film que refleja el espíritu postmoderno del pastiche: un conglomerado de subgéneros que configuran la ambiciosa intención del cineasta de reescribir la Historia. Nos encontramos con el cine bélico, de acción, un film de estética francesa y un “spagueti- western”  mezclados en una coctelera de la que surgirá un elixir explosivo ante los ojos del espectador que, desde su butaca, espera ansioso que acabe la melodía “gloriosa” que acompaña los créditos iniciales. A todo ello, se añade una estructura aún más postmoderna si cabe: el de la novela en capítulos, cada uno con un elemento característico. La narración fragmentada y en la que confluyen historias paralelas es, a su vez, una metáfora de los diferentes prismas con los que vemos nuestra realidad. Además, Tarantino hace un ejercicio de "des-mitificación" de la figura del Führer, ridiculizando su personaje en un film de estética extremadamente cuidada.


En Django desencadenado da una voz propia a "los otros", los esclavos negros, y el espectador adopta el punto de vista de Django, contestatario esclavo de las plantaciones que lucha por alcanzar su libertad en el entorno. El film es una denuncia de cómo la historia se narra desde las relaciones de poder, y cómo las voces quedan silenciadas y relegadas al olvido. Django se convierte en un "esclavo libre" pero debe luchar frente a los prejuicios de una sociedad que discrimina y desprecia, que deshumaniza y denigra a los hombres de color. Pero el personaje que presenta Tarantino no es ni mucho menos sumiso. Django desafía a la opresión que le ofrece el hombre blanco y reescribe su propia historia venciendo las reglas establecidas y superando los obstáculos de la violencia.

"The postmodern reply consists of recognizing the past, since it cannot really be destroyed, because its deconstruction leads to silence, must be revisited, but with irony, not innocently" 
Umberto Eco.

Y es así como Tarantino rompe el silencio, con ironía y humor:



Tarantino, en su reciente "historia fílmica", pone de manifiesto nuestra manera de pensar la historia, y nos invita a revisitarla de manera crítica, reconceptualizándola, y cuestionando cómo conocemos y cómo entendemos la historia. 

sábado, 18 de octubre de 2014

El cine 'europeo' de Woody Allen como herramienta de city marketing

Woody Allen adora las ciudades y el entorno que proyectan. Primero fue su Nueva York natal, como narra su voz en off en Manhattan (1979): "Capítulo primero: él adoraba Nueva York, la idolatraba de un modo desproporcionado"; con películas como Annie Hall (1977), Manhattan (1979) o Hannah y sus hermanas (1986), y un cine de autor que se forjaba con nombre propio basado en Estados Unidos. Pero en la última década, Woody Allen ha trasladado sus rodajes a Europa: Londres (Match Point, 2005 y Scoop, 2006), Barcelona (Vicky, Cristina Barcelona, 2008), París (Medianoche en París, 2011) o Roma (A Roma con amor, 2012) retratan el "Viejo Continente" y exhiben en la gran pantalla los principales lugares emblemáticos de las capitales europeas desde la particular óptica del cineasta de Brooklyn. 

Falta de financiación en EEUU, oportunidades para Europa

La falta de financiación en Estados Unidos y las ofertas de mecenazgo de las productoras europeas (entre otras, MediaPro es la principal productora de Vicky Cristina Barcelona y A Roma con Amor) son la principal motivación para este "tour europeo" de Woody Allen, que ha abierto la posibilidad de proyectar las ciudades europeas hacia un público cada vez más amplio. 

City marketing: Woody Allen y un retrato que 'vende' las ciudades europeas
La ciudad se convierte en un elemento central en el cine de la última década de Woody Allen. Su fuerza es tal que adquiere una identidad propia.
La ciudad que muestra la cámara de Woody Allen es un recorrido turístico por lugares emblemáticos, turísticos e icónicos de algunas de las principales ciudades europeas. Un recorrido a modo de postal, visto desde la perspectiva romántica de un turista americano fascinado por la variedad que ofrecen las ciudades europeas.


Woody Allen edifica la ciudad- marca desde su perspectiva como cineasta-autor, y juega un papel fundamental a la hora de posicionar las ciudades en el imaginario colectivo. El director hace un poderoso place branding de las ciudades europeas en el que la narración enamora al espectador con la ciudad, trasladando así la visión del cineasta.

Promoción del cine, promoción de las ciudades
A su vez, aprovecha para rendir homenaje al cine europeo (Match Point rinde tributo al cine de Hitchcock, máximo exponente del cine británico, en A Roma con amor imita las comedias de enredo italianas y en Medianoche en París idolatra la época dorada de la cultura en el París de los años veinte), arraigándose en la cultura del país y así uniendo a turistas y locales en films que tienen mucho que decir en a qué asociamos las ciudades europeas tras visitarlas o revisitarlas en el cine que presenta Woody Allen.