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sábado, 20 de diciembre de 2014

Si vas a contar una historia conocida, cuéntala de una manera diferente: Exodus (Scott,2014)


Ridley Scott (Reino Unido, 1937) se aventura de nuevo en un film histórico en el que el espectador revisita la liberación del pueblo hebreo en un viaje por los más avanzados efectos especiales que conoce el cine actual.

En efecto, la historia que presenta el director de Gladiator (2000), es una historia ya conocida por el espectador. Entonces, ¿por qué ir a ver Exodus: Dioses y Reyes?

Un director- marca
Ridley Scott, a sus 77 años, es uno de los más reconocidos directores en el panorama mundial. Tras el éxito de su primer cine sci-fi (Alien, 1979 y el primer símbolo de la postmodernidad en el cine, Blade runner, 1982), una rompedora Thelma y Louise (1991), nominada a los Oscar como Mejor Director, suponía un giro temático en la carrera de Scott.


Posteriormente llegó Gladiator (2000), que supuso la consagración del director británico en el panorama estelar hollywoodiense con Oscar (Mejor película, Mejor actor, Mejores Efectos Visuales, Mejor Vestuario y Mejor Sonido entre otros), tras el cuál otros proyectos como Haníbal (2001), Black Hawk Derribado (2002), El reino de los cielos (2005) o Prometheus (2012). Sin duda una extensa carrera fílmica en la que la calidad como director crece apoyándose en cada vez mejores efectos visuales para trasladar al espectador a lugares más allá de la imaginación.

Un escenario audiovisual made in Spain
Fuerteventura y Almería fueron los principales destinos en los que se rodó el film de Scott. El desierto de Tabernas (Almería) es el principal escenario del antiguo Egipto (donde se rodó otro film histórico el 1962, Lawrence de Arabia), mientras que las localidades del sur de Fuerteventura son las responsables del espectacular Mar Rojo que exhibe el film. 

La espectacularidad del VFX
Los efectos visuales VFX en Exodus son otro de los principales atractivos del film. Paisajes que son trasladan al antiguo Egipto, ejércitos y esclavos creados por arte de la magia de la postproducción, plagas y recreación del Mar Rojo, el cruce hebreo de las aguas... Scott nos trae un sinfín de minuciosamente estudiadas imágenes que deslumbran al ojo humano. 



martes, 21 de octubre de 2014

La reescritura de la Historia. Quentin Tarantino: Malditos Bastardos (2009) y Django desencadenado (2012).

"The one duty we owe to history is to rewrite it" Oscar Wilde

Quentin Tarantino es un producto de la postmodernidad. Su cine, violento, evocador, provocativo, y que desafía los corsés del establishment, ahora hace un nuevo viraje en su cine hacia lo que se conoce como la "reescritura de la historia", un concepto cultural postmoderno.
Tanto Malditos Bastardos (2009) como Django desencadenado (2012) se encuadran dentro esta corriente cultural que propone cuestionar el estatus de los hechos históricos y desconfiar de la HISTORIA (en mayúsculas), que aparenta ser neutra y objetiva, y reconceptualizarla.

Tanto la historia como la ficción son la construcción de un discurso. Y Tarantino busca escribir el suyo revisitando dos de los hechos históricos que más han marcado nuestra sociedad contemporánea: el holocauto nazi de la Alemania hitleriana y la liberación de los afroamericanos esclavos en las plantaciones de EEUU.

Malditos Bastardos se define como “la película de guerra de Tarantino”. Tomando como referencia “Aquel maldito tren blindado (Inglorious Bastards)” (1978) de Enzo G. Castellari, nos presenta un film que refleja el espíritu postmoderno del pastiche: un conglomerado de subgéneros que configuran la ambiciosa intención del cineasta de reescribir la Historia. Nos encontramos con el cine bélico, de acción, un film de estética francesa y un “spagueti- western”  mezclados en una coctelera de la que surgirá un elixir explosivo ante los ojos del espectador que, desde su butaca, espera ansioso que acabe la melodía “gloriosa” que acompaña los créditos iniciales. A todo ello, se añade una estructura aún más postmoderna si cabe: el de la novela en capítulos, cada uno con un elemento característico. La narración fragmentada y en la que confluyen historias paralelas es, a su vez, una metáfora de los diferentes prismas con los que vemos nuestra realidad. Además, Tarantino hace un ejercicio de "des-mitificación" de la figura del Führer, ridiculizando su personaje en un film de estética extremadamente cuidada.


En Django desencadenado da una voz propia a "los otros", los esclavos negros, y el espectador adopta el punto de vista de Django, contestatario esclavo de las plantaciones que lucha por alcanzar su libertad en el entorno. El film es una denuncia de cómo la historia se narra desde las relaciones de poder, y cómo las voces quedan silenciadas y relegadas al olvido. Django se convierte en un "esclavo libre" pero debe luchar frente a los prejuicios de una sociedad que discrimina y desprecia, que deshumaniza y denigra a los hombres de color. Pero el personaje que presenta Tarantino no es ni mucho menos sumiso. Django desafía a la opresión que le ofrece el hombre blanco y reescribe su propia historia venciendo las reglas establecidas y superando los obstáculos de la violencia.

"The postmodern reply consists of recognizing the past, since it cannot really be destroyed, because its deconstruction leads to silence, must be revisited, but with irony, not innocently" 
Umberto Eco.

Y es así como Tarantino rompe el silencio, con ironía y humor:



Tarantino, en su reciente "historia fílmica", pone de manifiesto nuestra manera de pensar la historia, y nos invita a revisitarla de manera crítica, reconceptualizándola, y cuestionando cómo conocemos y cómo entendemos la historia.